Kit de restauración de faros con dos toallitas de limpieza y una de acabado, para devolver la transparencia al policarbonato amarilleado.
El faro no se pone amarillo por suciedad, sino porque el sol degrada la capa exterior del policarbonato. Por eso no se va lavándolo: hay que retirar esa capa y sellar de nuevo, que es lo que hacen estas toallitas.
Un faro opaco reduce el alcance de la luz de forma notable, así que además de estética es visibilidad de noche.
Sin pulidora ni taladro: se aplica a mano en unos minutos.